Creado en Japón en 1472 y derivado de Amma, la forma de masaje más antigua de China, este tratamiento se reservó primero para las emperatrices y geishas de la época y luego se convirtió en un arte tradicional de rejuvenecimiento para las mujeres japonesas.
Ha sido practicado desde los albores de los tiempos por las mujeres japonesas para prolongar la juventud de su rostro.